miércoles, 9 de octubre de 2013

El otro yo

Soy Ezpe, nací hace veinte años en el reino de las flores. Como buena princesa he dedicado toda mi vida a cultivarme, he ido a la mejor escuela de todo el reino y he leído muchos libros, ya que me apasiona leer. En un primer momento lo hacía porque me obligaban en la escuela, pero esto despertó mi gusto por la lectura y poco a poco fui leyendo todos los libros de la biblioteca de mi castillo.
Además de cultivar mi mente he cultivado mi cuerpo. Siempre voy bien vestida, peinada y perfumada, mientras espero que algún príncipe de los reinos vecinos pida mi mano. Desde muy pequeña soñaba con casarme con un apuesto príncipe que me llevara a vivir a un bonito castillo, con una enorme biblioteca repleta de libros que poder leer.
Mi idea cambió cuando mi hermana pequeña Eztela conoció a Zanti, un zombi que me robó el corazón desde el primer momento que lo vi .Recuerdo ese momento como si fuera ayer, pues desde ese día odio a mi hermana, ella a pesar de ser una princesa descuidada que come sin cesar y que a penas sabe leer y escribir ha conseguido conquistar al zombi mas culto e intelectual que he conocido jamás.

Mi otro yo

Mi nombre es Zaquel, soy la hermana melliza de Zanti. Yo fui la primera infectada por el virus que creo ONE,  mi poder es tal que soy capaz de leer cinco libros de literatura infantil por minuto, a pesar de esto el líder de los zombis es mi estimado hermano. Él quería ser el líder para conquistar a Eztela, pero ahora que es más gruesa que los libros de los adultos se arrepiente. La parte buena de la gordura de mi cuñada es que en nuestra mansión ha montado una pastelería para tener todos sus saciar sus antojos sea la hora la hora que sea, y esto unido a nuestra gran biblioteca de literatura infantil, tenemos la suerte de disfrutar de dos grandes placeres de la vida.

La bruja Zhalia no es muy querida en nuestro mundo porque no le gusta la literatura infantil, hace ya algún tiempo ella y ONE trabajaban juntos para crear un virus zombie que afectara a todos los seres humanos, pero algo salió mal y Zhalia se convirtió en la bruja vieja  que es hoy, su memoria también se vio afectada por eso no recuerda nada.

El Otro yo

En un mundo donde las letras se han apoderado de nuestros organismos y predomina una especie de zombi algo particular, los zombis literarios, vivo yo, me llamo Zanti y soy el líder de un grupo de zombis literarios que han decidido compartir con el resto del mundo a través de este blog denominado LENGUA MUNDIAL Z todo el trabajo propuesto por el líder mundial de este movimiento literario: el gato ONE. Me declaro fanático de la literatura zombi, seguidor acérrimo de Max Brooks, uno de los máximos exponentes en cuanto a lo que a literatura zombi se refiere. Una vez que el virus literario penetra en tu organismo no puedes dejar de leer literatura infantil que haya marcado la infancia de tus compañeros (más que nada porqué ONE se puede enojar) por lo que durante los dos meses que debemos estar sometidos al liderazgo de ONE hemos de dedicar nuestro tiempo al blog y la literatura infantil. Tengo una hermana melliza llamada Zaquel, ella fue la primera infectada por el virus. Vivo junto a mi esposa Eztela, la única no infectada que queda en este planeta, tiene 16 años y es una princesa, aunque parezca muy joven es muy madura para su edad, la crisis zombi que amenaza al planeta la ha hecho madurar. Tiene un pequeño problema con la comida y evidentemente con su peso, pero a mi no me importa estoy perdidamente enamorado, aunque no se si podré resistir la tentación de hincarle el diente un día de estos y convertirla en uno de los nuestros.

martes, 8 de octubre de 2013

Noticia Lengua y Literatura

Sierra i Fabra gana Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil

El jurado destaca "la voluntad renovadora del autor, su incansable creatividad y su desbordante versatilidad".



El escritor barcelonés Jordi Sierra i Fabra ha ganado el IX Premio Iberoamericano SM de
Literatura Infantil y Juvenil por una obra que "destaca su voluntad renovadora, su incansable
creatividad y su desbordante versatilidad", ha anunciado el jurado.
Los libros de Sierra i Fabra (Barcelona, 1947) abordan "temas sensibles y conflictivos que 
interesan y preocupan a los jóvenes lectores", y reivindican los derechos humanos y los
movimientos transformadores de la sociedad, ha destacado el jurado en una rueda de 
prensa en la ciudad de Guadalajara (México).



Además, ha resaltado su "estilo directo, ágil y claro", que resulta cercano a lectores de los 
países hispanohablantes y ha permitido que sus títulos sean ya "considerados clásicos dentro 
de la literatura juvenil iberoamericana".

También ha resaltado su compromiso "apasionado" con la literatura, que le ha llevado a 
fomentar la lectura y la escritura mediante el contacto con su público, la creación de dos 
fundaciones culturales y un premio destinado a descubrir jóvenes talentos.


El escritor español ha logrado el galardón por unanimidad, tras ser incluido en una lista de tres
 finalistas junto a la colombiana Yolanda Reyes Villamizar y la portuguesa Alice Vieira.
El Premio Iberoamericano SM, dotado de 30.000 dólares (unos 22.000 euros), será 
entregado el próximo 3 de diciembre durante la XXVII Feria Internacional del Libro de 
Guadalajara (FIL), la más importante del mundo en lengua española.

Sierra i Fabra, quien comenzó escribir a los ocho años y a los doce terminó su primera 
novela, es uno de los autores españoles más reconocidos de literatura juvenil, con más de 
400 obras publicadas y numerosos galardones, entre ellos el Premio Cervantes Chico por 
toda su carrera literaria.

En 2004 creó la Fundació Jordi Sierra i Fabra, en Barcelona, y la Fundación Taller de Letras 
Jordi Sierra i Fabra en Medellín (Colombia).


En ediciones anteriores este premio ha sido concedido a Juan Farias (España), Gloria 
Cecilia Díaz (Colombia), Montserrat Amo (España), Bartolomeu Campos de Queirós (Brasil),
María Teresa Andruetto (Argentina), Laura Devetach (Argentina), Agustín Fernández Paz 
(España) y Ana María Machado (Brasil).
El galardón, fundado en 2005 para impulsar la literatura infantil y juvenil, es convocado por 
varias instituciones, entre ellas la Fundación SM, el Centro Regional para el Fomento del Libro
en América Latina y el Caribe, y la Organización de Estados Iberoamericanos para la 
Educación, la Ciencia y la Cultura.


Me parece importante tener el conocimiento a través de noticias como esta de que la literatura es algo que aunque puede resultar aparentemente de un modo distinto, sí que se valora, claro, cuando se trata de la buena literatura. Esto ha sucedido con el escritor Sierra i Fabra, al cual le ha sido reconocido su trabajo otorgándoles un Premio Iberoamericano. Por todo esto, como futuros docentes debemos tener en cuenta el inmenso trabajo literario que muchos escritores nos ofrecen, ya que la literatura puede considerarse una gran fuente de conocimiento y aprendizaje para nuestro alumnos. 


domingo, 6 de octubre de 2013

Artículo de Mario Vargas Llosa



Entre caballeros andantes y juglares



PIEDRA DE TOQUE. Martín de Riquer se movía por la Edad Media como por su casa y nadie que yo haya leído me ha hecho vivir tan de cerca y con tanta verdad lo que debió ser la vida en Occidente hace mil años


Traté apenas en persona a Martín de Riquer —que acaba de morir, poco antes de cumplir cien años—, pero lo leí mucho, sobre todo en mi juventud, cuando, entusiasmado por la lectura del Tirant lo Blanc, me volví devoto de los libros de caballerías. Descubrí la gran novela catalana en la maravillosa edición que hizo de ella Riquer en 1947 y en 1971, cuando vivía en Barcelona, le propuse hacer una edición de las cartas y carteles de desafío de Joanot Martorell (El combate imaginario), lo que me permitió visitarle. Recuerdo con gratitud esas dos tardes en su casa repleta de libros, su amabilidad, su sabiduría, su prodigiosa memoria y la desenvoltura con que se movía por una Europa de caballeros andantes, ermitaños, trovadores, magos y cruzados, mientras acariciaba su eterna pipa y le brillaban los ojitos de alegría con aquello que contaba. En el otoño de su vida dijo a un periodista que “nunca había trabajado, que no había hecho otra cosa que disfrutar”. No era una pose: su inmensa obra de historiador, de filólogo y de crítico por la que desfilan media docena de literaturas —la catalana, la castellana, la provenzal, la francesa, la portuguesa y la italiana— rezuman amor y entusiasmo contagiosos.

La erudición no es siempre garantía de cultura; a veces es una máscara del vacío o de la mera vanidad. Pero en Martín de Riquer, la prodigiosa información que sustenta sus estudios manifiesta su pasión por el conocimiento, no es nunca gratuita, alarde pretencioso; por el contrario, enriquece con detalles y precisiones la gestación y el contexto histórico y social de los textos, su genealogía, sus influencias, lo que es tópico y lo que es invención, la trama profunda que acerca, por ejemplo, las fantasías eróticas de un trovero ambulante y las heladas discusiones teologales en los concilios papales. Se movía por la vasta Edad Media como por su casa y opinaba con la misma versación sobre las novelas de Chrétien de Troyes, La Chanson de Roland, las leyendas artúricas, el Amadís de Gaula, los juglares y el Poema del Cid, que sobre heráldica, las armas, las armaduras, la gastronomía, las reglas del combate singular en los torneos y las distancias siderales que había a menudo entre lo que se creía, se decía, se escribía y se hacía en esa sociedad medieval que él tanto amaba.


El medievalista fue un intelectual sin fronteras desprovisto de fanatismo y de complejos

Había en Martín de Riquer algo de esos caballeros andantes que se lanzaban a los caminos en pos de aventuras, sobre los que escribió páginas tan hechiceras, aquellos que por ejemplo recorrieron media Europa para responder al desafío del bravucón leonés del Paso Honroso, o los —medio héroes, medio bandidos— que acompañaron a Roger de Flor a batirse en Grecia y liberar a Bulgaria de los turcos. Nadie que yo haya leído, ni siquiera el gran Huizinga de El otoño de la Edad Media, me ha hecho vivir tan de cerca y con tanta verdad como los ensayos de Martín de Riquer lo que debió ser la vida en Occidente hace ochocientos o mil años, esa sociedad donde la espiritualidad más refinada y la brutalidad más feroz se confundían y se pasaba del cielo al infierno o viceversa sin darse cuenta: de los salones cortesanos donde se inventaba el amor, a los helados monasterios donde se resucitaba a Platón y Aristóteles y se traducía a Homero, a los bosques plagados de forajidos, de santos, de peregrinos, de locos y leprosos, o a las plazas de las aldeas donde masas de analfabetos escuchaban, alucinados, las venturas y desventuras de las canciones de gestas. Para poder transmitir todo aquello con la elocuencia y el vigor con que lo hizo, Martín de Riquer debió al mismo tiempo vivirlo: dar y recibir los mandobles, ponerse y quitarse las pesadas armaduras, tocar la vihuela y componer endechas, enamorarse de doncellas imposibles como la princesa Carmesina, decapitar y ser decapitado innumerables veces.

Como un homenaje a su memoria, acabo de leer un pequeño librito suyo que no conocía, Cervantes en Barcelona (1989). Es una pura delicia. Comienza y termina con una pequeña descripción de la casa que lleva el número 2 del Paseo Colón de la Ciudad Condal en la que, según una persistente leyenda que Riquer conoció de niño de boca de su madre, habitó el autor de El Quijote en algún momento de su vida. El libro escudriña con lupa la vida de Cervantes y descarta o valida las diferentes tesis sobre su estancia en aquella ciudad, a la vez que describe con minucia todas las alusiones a Barcelona en las novelas cervantinas. Las páginas más seductoras son aquellas en las que contrasta el famoso bandolero catalán que aparece inmortalizado en El Quijote, Roque Guinart, con el personaje de carne y hueso que le sirvió de modelo. Esta comparación se enriquece con una animada descripción de las bandas de asaltantes que en el siglo XVII hacían de las suyas y volvían peligrosos los alrededores de Barcelona y todas las grandes ciudades españolas. Al final, queda probado que la única estancia posible de Cervantes en la ciudad fue en el verano de 1610 y que, si de veras llegó a habitar el tercer piso de la casa del Paseo Colón, tuvo desde ese balcón una vista inmejorable del Portal del Mar y la playa, el paisaje que describiría en Las dos doncellas, una de las novelas ejemplares.


Era uno de los últimos de su especie: la de los humanistas de cultura múltiple y universal

El mejor crítico de Martorell fue al mismo tiempo uno de los más eminentes cervantistas; sus ediciones críticas del Tirant lo Blanc y del Quijote son un modelo de rigor y, al mismo tiempo, de una accesibilidad que pone ambas obras maestras al alcance de los lectores comunes y corrientes. También en esto Martín de Riquer fue un ejemplo de intelectual sin fronteras, un ciudadano del mundo, desprovisto de fanatismo y de complejos, que volcó su amor por la literatura, la historia, la lengua y la cultura sin otro interés que la búsqueda de la verdad, la exaltación de la belleza, la justa valoración de la obra de arte y de las ideas en función de valores universales y no de menudos intereses políticos de circunstancias. En los años setenta, cuando yo vivía en Barcelona, muchos no le habían perdonado que durante la Guerra Civil optara, espantado “por el asesinato de algunos amigos y por cierta afinidad con los ideales religiosos y de orden del otro lado”, según dijo, por los nacionales y combatiera en una formación requeté. Pero, para entonces, Riquer había abandonado aquellas ideas y optado por una línea democrática. De otro lado, en toda la vasta obra de él que ha llegado a mis manos, no recuerdo haber leído un solo texto de reivindicación del autoritarismo. Y, con motivo de los artículos necrológicos aparecidos en estos días, me ha alegrado saber que, en los violentos días que sucedieron a la Guerra Civil, se movilizó para salvar del fusilamiento a escritores y profesores republicanos.

Es interesante señalar que, al mismo tiempo que investigaba en archivos y bibliotecas preparando trabajos del más estricto nivel académico, Martín de Riquer no desdeñó escribir manuales o dirigir colecciones de clásicos dirigidos al gran público, como la historia universal de la literatura que emprendió con José María Valverde. Había detrás de estos empeños una convicción: la cultura no debía quedar confinada en los recintos universitarios y ser monopolio de clérigos; tenía que salir a la calle y llegar al mundo profano, como llegaban en tiempos remotos las hazañas caballerescas al gran público a través de los cómicos de la legua y los troveros ambulantes. El gran medievalista no era un hombre del pasado; vivía en el presente, y, cuando no estaba sumergido en polvorientos infolios, se distraía leyendo novelas policiales.

La muerte de Martín de Riquer me apena mucho porque personas tan valiosas deberían ser tan longevas como los patriarcas bíblicos; también porque, probablemente, él será uno de los últimos de su especie, quiero decir esa tradición de humanistas de cultura múltiple y de visión universal, a la que pertenecieron Menéndez Pelayo, Menéndez Pidal, Ortega y Gasset, Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña, Octavio Paz y un Jorge Luis Borges. Ya no los habrá porque el conocimiento futuro estará sobre todo almacenado en el éter y cualquiera podrá acceder a él apretando los botones indicados. La memoria, el esfuerzo intelectual, serán prescindibles; o, mejor dicho, patrimonio exclusivo de las pantallas y los ordenadores. Gracias a estos artefactos, todos sabremos todo, lo que equivale a decir: nadie sabrá ya nada.

viernes, 4 de octubre de 2013

La canción de los viernes

Después de las dos exposiciones que vimos ayer acerca de la poesía, creemos que la mejor canción para este viernes es "Nos sobran los motivos" de Joaquín Sabina que, como todos sabemos es un gran cantautor y poeta.


miércoles, 2 de octubre de 2013

Vídeos Educativos

Aquí os dejo un vídeo sobre la implementación del iPad en las aulas, una nueva forma de educación interactiva que deja de ser futuro para poco a poco convertirse en presente.